Es un homenaje al objeto perfecto. A lo palpable, y a lo que esconde en su interior. Sin destacar títulos ni épocas. Forma y papel.
Bloques de libros retratados de una manera muy directa, sin distracciones de un entorno visible. Fotos teatrales convertidas en esculturas en un escenario simple.
Para esta serie utilizo el proceso histórico fotográfico del Colodión húmedo del año 1851. Una técnica ya olvidada por su antigüedad al igual que el libro siempre pendiente de extinción y siempre volviendo a renacer.